jueves, 30 de marzo de 2017

LA PIEL Y SU LIMPIEZA NATURAL

 
La Naturaleza ha hecho que la piel nos proteja de las influencias exteriores. La capa externa de ésta, la epidermis, constituye una barrera a través de la cual pocas sustancias pueden penetrar. Científicamente se calcula que sólo de una diezmilésima a una cienmilésima parte de una sustancia determinada puede atravesar dicha capa córnea.
 
Sin embargo, algunas sustancias pueden superar esta barrera. Se utilizan terapéuticamente en forma de pomadas y tinturas, que se aplican sobre la piel. Éste es el caso por poner un ejemplo de los preparados contra el reuma. Las hormonas y los corticoides están en la misma situación pero no se hallan en los productos cosméticos. Todavía no se ha aclarado del todo hasta qué punto las vitaminas, aplicadas externamente, pueden entrar en el cuerpo.
 
En la bibliografía médica especializada se ha publicado que se pudo suprimir una carencia de vitamina B6, provocada artificialmente, empleando una pomada con dicha vitamina. La interpretación corriente entre los médicos es que a una piel normal y sana nada puede añadírsele desde fuera, pero que, cuando hay inequívocos síntomas carenciales, éstos se pueden remediar con tomas externas de vitamina. Como prueba se podría eliminar el pálido aspecto de una piel (basado en una carencia de ácidos grasos esenciales) aplicando localmente aceite de girasol y ácido linolénico.
 
Partiendo de lo dicho, algunos términos publicitarios presentan un aspecto diferente. La llamada "crema nutritiva" es un ejemplo claro de engaño. Teniendo en cuenta que, en el mejor de los casos, un 10 % de las sustancias nutritivas tenga la oportunidad de penetrar en la piel, la mayor parte de esta cantidad se descompondrá en un espacio de tiempo brevísimo, por lo que el término "crema nutritiva" carece de justificación. Quien utilice cremas nutritivas o grasas que no espere que su piel vaya a ser alimentada desde fuera, pues esto sólo se produce a través de la circulación sanguínea.

Los cosméticos para cuidar el cutis sólo pueden compensar la pérdida de humedad de la piel. Con esta finalidad se aplican sobre la piel sustancias hidratantes, que elevan la capacidad del estrato córneo para retener el agua, o grasas y aceites como capa protectora que limite la evaporación. Además, algunas sustancias activas mejoran el aspecto de la piel porque le dan una mayor tirantez y estimulan la circulación. No obstante, se corre el riesgo de que el uso prolongado de tales productos sobrecargue la piel y la envejezca con mayor rapidez.
 
A pesar de todas estas limitaciones podemos concluir que las sustancias vegetales llegan al cuerpo a través de la piel en cantidades suficientes y que, utilizándolas correctamente, ejercen sobre ella un efecto benéfico. La práctica de muchos años con tinturas y esencias prueba sobradamente su validez.

La limpieza de la piel 

Sobre la piel se acumulan partículas de grasa, sudor, suciedad, hollín. En parte, el mismo cuerpo las expulsa a través de ella, como órgano excretor que es, y, en parte, dichas impurezas proceden del aire: por eso, los habitantes de las ciudades están más expuestos que el hombre de campo a la suciedad y a los venenos ambientales.
 
Se debe limpiar la piel a fondo y con regularidad.
 
Desde las épocas más remotas el agua ha sido el elemento fundamental para la limpieza y el aseo. Sin embargo no basta sólo con el agua, porque únicamente se desprenden entonces las sustancias hidrosolubles, como las sales del sudor.
 
El segundo elemento limpiador clásico es el jabón. Se ha utilizado desde hace milenios para limpiar la piel. Su acción limpiadora radica en que cambia la tensión superficial del agua y absorbe las partículas de suciedad con mayor facilidad. Por desgracia, el jabón arrastra consigo parte de la grasa protectora y perjudica la flora bacteriana de la piel. Sin embargo, un cuerpo sano puede reponer rápidamente la grasa y también volver a su medio normal, ligeramente alcalino, el pH alterado por el jabón.
 
En los sitios con aguas muy duras, el jabón pierde eficacia. Algunos componentes no se disuelven y se dan casos en los que no sólo dejan rebordes de grasa en la bañera, sino también en la piel.
 
Desde hace poco tiempo han aparecido para limpiar la piel "modernos" jabones con mayor poder limpiador tensioactivo, que actualmente también han planteado discusiones. Apenas si agreden la cubierta protectora de la piel, pero la desengrasan aún más. La piel se esponja rápidamente, pero el proceso se invierte rápidamente y se reseca más. Por lo tanto, para las pieles secas, son preferibles los jabones clásicos, ya que éstos desecan menos la piel.

Lavarse con agua y jabón
 
Los jabones clásicos ocupan ahora como antes el primer puesto dentro de los productos que se usan para la limpieza del cuerpo. Actualmente apenas si se utiliza el jabón duro (de piedra) o el blando (verde). Hoy empleamos jabones de tocador, que se componen de mezclas de ácidos grasos o de grasas especialmente puras. Sin embargo, los fabricantes añaden además más sustancias a la base del jabón: esencias, sobre todo sintéticas, estabilizadores, acomplejantes, superengrasantes, pudiéndose cuestionar a veces gusto y utilidad.
 
Los llamados jabones cremosos o protectores de la piel contienen hasta un 10 % de superengrasantes. Otros tipos de jabones de tocador son los jabones infantiles, los jabones desodorantes y los transparentes, que precisamente vuelven a estar de moda.
 
No tiene mucho sentido que nos fabriquemos nosotros mismos pastillas de jabón. En cambio, otra cosa es fabricarse jabón líquido. Los jabones líquidos, basados en grasas y ácidos grasos naturales, y eventualmente también los llamados tensioactivos, pueden refinarse añadiendo esencias. En casa podemos añadir esencia de limón o de petit grain al jabón verde del lavavajillas o de fregar.

Básicamente, la piel puede limpiarse además de con agua y jabón o sustancias jabonosas, con sustancias sólidas que absorben la suciedad (como la pasta de almendras) y con aceite.
 
 
 

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