miércoles, 12 de julio de 2017

LA DUCHA DIARIA, MODO DE REALIZARLA CORRECTAMENTE


Además de su importancia como medida higiénica general, la ducha activa la circulación y tonifica los músculos y el sistema nervioso. Por eso una ducha templada sigue siendo la mejor forma de comenzar el día.

La importancia de la ducha diaria, no sólo como medida higiénica, sino también como manera de activar la circulación sanguínea y tonificar la piel y los músculos, sin olvidar sus benéficos efectos sobre el sistema nervioso, ha sido puesta de relieve, cada vez con más énfasis, por los especialistas de la higiene y la salud.
 
En los últimos años han aparecido en el mercado, a precios asequibles, distintos tipos de ducha que permiten regular tanto la fragmentación del chorro como su intensidad y, eventualmente, su ritmo (chorros pulsantes). Estas duchas están especialmente diseñadas para que el chorro de agua pueda convertirse a la vez en un eficaz masaje, potenciando al máximo sus efectos benéficos sobre la circulación y el tono muscular.
 
Una de estas duchas masaje, elegida con el asesoramiento de un experto, puede ser una magnífica inversión para la salud y el bienestar. También existen cabinas especiales en las que, además del tradicional chorro que cae sobre el cuerpo de arriba a abajo, hay surtidores laterales y ascendentes que alcanzan toda la superficie corporal, aunque, desgraciadamente, este tipo de instalaciones constituyen todavía artículos de lujo.

La tradicional ducha matinal al levantarse de la cama sigue siendo una de las mejores maneras de comenzar el día. En general, lo más adecuado es ducharse con agua templada. Una ducha excesivamente caliente no tiene el mismo efecto tonificante, y una ducha fría, que en determinadas circunstancias puede ser muy beneficiosa, es una medida un tanto drástica que incluso puede someter al corazón y al sistema termostático del organismo a un esfuerzo excesivo perjudicial para la salud.
 
Paradójicamente, la sana costumbre de la ducha diaria da lugar, en algunos casos, a irritaciones de la piel por "exceso" de higiene: no conviene enjabonarse insistentemente, menos con ciertos productos de perfumería que pueden resultar excesivamente alcalinos para la piel, alterando su pH y mermando sus defensas naturales. Lo mejor es usar con moderación un jabón neutro, de pH igual al de la piel.

La esponja vegetal o el guante de crin potencian notablemente los efectos de la ducha, y lo mismo puede decirse de un secado vigoroso y sistemático (de arriba a abajo) con una toalla de algodón no demasiado suave.

El yogur como "gel de baño"

En principio, una persona que lleve una vida más bien sedentaria y se mueva en ambientes limpios no tiene por qué enjabonarse todo el cuerpo diariamente: esto puede ser incluso perjudicial, sobre todo en caso de piel seca o delicada.
 
Una forma de mitigar la acción del lavado diario sobre el manto ácido de la piel, a la vez que se convierte la ducha en una práctica rejuvenecedora similar a los famosos baños de leche de Popea, consiste en «enjabonarse», en días alternos, con yogur en lugar de jabón, enjuagándose luego normalmente. Quien tenga la piel muy seca puede añadir al yogur un poco de crema de leche (nata líquida).

La ducha escocesa

En esencia, la ducha escocesa consiste en alternar el agua caliente y fría. Primero uno se ducha con agua más bien caliente, enjabonándose o no, y luego, cuando el cuerpo ha entrado en calor, se abre el agua fría. El brusco contraste de temperaturas activa enérgicamente el sistema circulatorio y, en invierno, prepara el organismo para afrontar los rigores del frío exterior.
 
Sin embargo, no todo el mundo puede practicar este tipo de ducha u otros sistemas similares basados en brusco salto de la temperatura (como la costumbre nórdica de salir de la sauna para zambullirse en un estanque helado); para un cardíaco, por ejemplo, la experiencia podría resultar fatal. E incluso una persona sana no siempre está en condiciones de beneficiarse de estos enérgicos estímulos del aparato circulatorio; quien se encuentra destemplado o en baja forma, no es prudente que lo intente.
 
En cambio, después de hacer ejercicio (y siempre que no se esté excesivamente agotado), con la circulación ya activada, una ducha escocesa puede ser el colofón perfecto. A quienes, por un motivo u otro, no convenga la ducha escocesa, puede resultarles igualmente beneficioso el baño de temperaturas del que se habla en el siguiente capítulo.

La ducha y el cabello

Mucha gente sigue pensando que mojarse el pelo es malo, y que no hay que lavarlo a menudo. Es cierto que el lavado demasiado frecuente con un producto muy detergente puede perjudicar el cabello y excitar la secreción grasa del cuero cabelludo. Por otra parte, no conviene que el pelo quede húmedo largo rato después de mojarlo, pues la humedad favorece la proliferación de gérmenes.
 
Hechas estas salvedades, no hay motivo para no mojarse el pelo al ducharse si luego se seca bien.

La ducha puede ser también un eficaz instrumento terapéutico. Mediante instalaciones especiales, se puede lograr que sus efectos tonificantes actúen simultáneamente en todo el cuerpo. Además de los aparatos especiales para hidroterapia, hay cabinas de chorros múltiples para uso doméstico que suministran excelentes resultados.




 

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