Cada vez somos mas los que sabemos que nuestra salud depende en gran parte de nuestro estado mental y nuestra personalidad tienen una influencia sobre nuestra salud física.
Esta es una teoría que se extiende hasta en los círculos ortodoxos ganando adeptos día a día.
Por ejemplo, existe lo que se denomina la «personalidad de cáncer». Tales personas dan más de lo que cogen; tienden a ocultar sus emociones y reprimen sus deseos sólo para complacer a los demás. La «personalidad de migraña» está impulsada por la culpa. Estas personas son perfeccionistas, ambiciosas, trabajadoras y muy limpias y ordenadas. La «personalidad del eczema» es hipersensible y, al igual que el tipo cáncer, suele reprimir sus emociones. La «personalidad de ataque cardíaco», por otra parte, es agresiva, impaciente, competitiva y ambiciosa.
El gran psicólogo Carl Jung escribió sobre el «simbolismo de la enfermedad». Según él, la forma que adopta una enfermedad puede ser un reflejo del estado mental. Jung cita ejemplos de náusea sin causa aparente, en la que el paciente está diciendo de forma inconsciente: «esta situación me enferma». Otro paciente con dolores inexplicables en las piernas dice: «no puedo aguantar más».
El gran psicólogo Carl Jung escribió sobre el «simbolismo de la enfermedad». Según él, la forma que adopta una enfermedad puede ser un reflejo del estado mental. Jung cita ejemplos de náusea sin causa aparente, en la que el paciente está diciendo de forma inconsciente: «esta situación me enferma». Otro paciente con dolores inexplicables en las piernas dice: «no puedo aguantar más».
En un sentido más amplio, debemos considerar los efectos de las cuestiones mundiales como el daño al medio ambiente causado por la contaminación del aire, del suelo y del agua; las selvas tropicales que disminuyen rápidamente; las guerras, el hambre y el peligro nuclear...
Todas estas cuestiones pueden ser la fuente de una gran confusión emocional para muchas personas. Las presiones de ser pobre, inválido, parado o cualquier otra cosa, pueden provocar sentimientos de frustración, cólera, resentimiento y depresión.
Dichos sentimientos provocan casi inevitablemente la enfermedad física.
Casi todos nosotros podemos recordar una época en nuestras vidas en que hemos sufrido un estrés emocional y hemos enfermado a causa de ello. Quizá se tratase sólo de un resfriado, o quizá de algo más serio. Muchas personas son más propensas a los accidentes en estas épocas.
Antes de seguir adelante, hay que definir lo que queremos decir con estrés. La mayoría de las personas creen que el estrés son las presiones y los problemas externos que les afectan. Los problemas como los plazos, el ruido, las discusiones domésticas, las exigencias excesivas de otras personas sobre nuestro tiempo, etc.
