LA LUZ
La luz natural es tan nutritiva como los alimentos y el agua. Es absorbida por nuestro cuerpo y utilizada en muchos procesos metabólicos. La luz afecta al cuerpo de dos maneras:
- Directamente (a través del bronceado y la formación de vitamina D del ergosterol)
- Indirectamente a través de los fotorreceptores en nuestros ojos. Los fotorreceptores forman parte de una red nerviosa que va directamente al cerebro.
El tipo y la calidad de luz puede afectar a nuestro equilibrio hormonal y a la química de nuestro cuerpo como un todo, influyendo en nuestros niveles de energía y el modo en que nos sentimos.
Los problemas más comunes asociados con la falta de luz (experimentados por las personas que trabajan dentro de edificios), son el letargo, los dolores de cabeza, la irritabilidad, la falta de concentración y un estado mental que varía según la estación del año, conocido como «depresión de invierno».
Según los yoguis, los rayos matutinos contienen grandes cantidades de prana (fuerza vital) y son los más beneficiosos para la salud. En cualquier caso, las ondas más largas de luz ultravioleta antes del mediodía (y también después de las cuatro de la tarde) son las que menos posibilidades tienen de ocasionar quemaduras. Por tanto, si disfrutas tomando el sol, para su piel sería mejor que lo hicieras a primera hora de la mañana, durante unas horas, o por la tarde. Sin embargo, recuerda que un poco de la poderosa energía del sol es bueno, pero demasiado puede provocar un envejecimiento prematuro o incluso el cáncer.
EL AIRE FRESCO
El aire es tan vital que es imposible sobrevivir durante unos cuantos minutos sin él. Todos sabemos lo esencial que es el oxígeno para los pulmones y para todo el organismo, pero pocos de nosotros recordamos que la piel también necesita aire, como un estímulo para su funcionamiento normal. Por esta razón, se la ha llamado «el tercer pulmón».

